miércoles, 7 de diciembre de 2011

Si, me sirve.

Creía que ninguna de sus explicaciones me serviría, simples palabras saldrían de esa boca impaciente, entrelazadas, siguiendo la táctica infalible ante la que estoy demasiado acostumbrada a caer... Divago pensando en lo que pudo haber sido, en que nuestro ayer fue lo máximo a lo que llegamos hoy, en lo sumiso de esos trazos, en el fondo de cada mirada de reojo. Y todo eso me lleva, sin mucha más dilación, a la esquina de la misma barra del bar en el que le vi por primera vez. Mi instinto huele mis ganas de atormentarme con su mera presencia, pero siempre aparece el impulso último que traiciona mis planes. Y tú, sin empatía, enredas este nudo. Ni el capitán más curtido en batallas podría intentar deshacerlo, porque tú, nadie más que tú, te estás convirtiendo en ese libro al que acudir para encontrar respuesta a todos mis quebraderos de cabeza, a todos los enigmas, a todos los tira y afloja de esto que está en mi pecho..Si, me sirve, estoy loca por ti. Apareces cuando estoy a tres pasos de olvidar todo lo mejor, y vuelves a ser tú, sin quererlo tú.. Tengo miedo.

miércoles, 30 de noviembre de 2011

¿Dónde está mi mente?.-

Pensar su nombre ahora envenena mis sueños... 
En realidad, su sonrisa participa activamente en la gymkhana matutina de cada día. No es tímida pero quiebra con facilidad, eso sí, está en busca de una armadura capaz de protegerla ante cualquier bandido lo suficientemente atrevido como para desafiarla. Dicen, (y dicen que dicen) muchos haberla visto picarona entre barras libres y algún colchón, otros entre libros y teclas, y sólo una gran minoría entre llanto y lágrima. Ni me he parado a pensar por qué ni si seguirá siendo así en un intervalo de tiempo mayor al número de veces que mi estómago reclama mariposas; tampoco sé ni pretendo saber si el haberla visto les otorga algún tipo de elogio moral, satisfacción u orgullo, si es así, me alegro; pero informaré que mi pensamiento sólo se centraba en los 30 segundos de espera para cruzar la calle. Cuesta arriba, otra vez sin tu voz.

sábado, 19 de noviembre de 2011

R de Remordimiento.-

Admítelo. Tú también lo has vivido en tus carnes más de una vez, y más de dos. Podría afirmar que a la par que la rabia, es el sentimiento más ardiente, como absenta negra recorriendo las paredes de tu laringe. Lo sabes, ¡qué impotencia el no poder pararlo!. Te posee. Examinar cada acto y su consecuencia es algo que tú y yo sólo hacemos cuando los resultados se han manifestado. Quiero aprender a pensar antes de llevar a cabo mis planes, a meditar, a hablar con mi almohada, a diseñar esquemas que me guíen al éxito; pero todavía no he encontrado una pauta que me convenza ni alguien con la suficiente experiencia como para decidir en la escala de adecuación si debo hacer lo que me dicta mi mente o no. Es poderoso y por lo menos a mi, me asusta. Es más, tengo ligeras sospechas de sentirlo cada día con más o menos intensidad cuando echo la vista atrás y veo que el error es uno de mis mayores hobbies. Si, sabes que te hablo del mismo, del remordimiento.